Una vez, junto con mi compañera de fatigas fuimos a visitar al responsable de drogodependencias de un ayuntamiento en el que constaba la necesidad (real y con datos) de algún plan de prevención primaria (evitar enfermedad) o secundaria (detectar y aplicar tratamiento) frente a las adicciones sin sustancia, principalmente era la ludopatía.
Literalmente, dijo que efectivamente las veía, en el sentido simbólico, “sin sustancia” – sin chicha.
Luego, lo demás, ya forma parte de la historia de España, una juventud menor de edad enganchada a la ruleta, los videojuegos, o las pantallas.

 

Adicciones: más allá del consumo de sustancias

Las adicciones constituyen una enfermedad compleja que puede manifestarse de dos formas: con sustancia (alcohol, tabaco, drogas, fármacos, entre otras) y sin sustancia, también llamadas adicciones comportamentales. Tradicionalmente se han vinculado a sustancias químicas, pero cada vez existe mayor consenso en que ciertos comportamientos también pueden generar dependencia y afectar gravemente la vida de las personas.

 

Adicciones con sustancia

Son las más conocidas y socialmente identificadas. Incluyen el consumo de alcohol, tabaco, cannabis, cocaína, fármacos y otras drogas capaces de producir dependencia física y psicológica. Estas sustancias activan el sistema de recompensa cerebral, generando una sensación de placer o alivio que impulsa a repetir su consumo.

 

Adicciones sin sustancia

Las adicciones comportamentales evidencian que no solo el consumo químico genera dependencia. Conductas cotidianas, en apariencia inocuas, pueden transformarse en problemáticas cuando se vuelven compulsivas y comienzan a interferir en la vida personal, laboral o social.

Algunos ejemplos incluyen:

  • Ludopatía: juegos de azar, apuestas, incluso trading con connotación financiera.
  • Oniomanía: compras compulsivas.
  • Videojuegos y uso de pantallas, o prácticas relacionadas.
  • Redes sociales e internet: la necesidad constante de revisar notificaciones, recibir likes o permanecer online
  • Vigorexia: práctica de deporte o ejercicio que influye en el resto de áreas vitales.
  • Conductas sexuales compulsivas.

Aunque aún no cuentan con una clasificación oficial en los manuales diagnósticos, cada vez más investigaciones las reconocen como problemáticas relevantes las pantallas, tecnoadicciones o adicciones digitales.

 

El cerebro detrás de la adicción

Tanto las adicciones con sustancia como las sin sustancia comparten mecanismos cerebrales. El consumo o el comportamiento adictivo activan el sistema de recompensa regulado por la dopamina, la neurohormona de la felicidad o un transmisor cerebral vinculado a la motivación y al placer.
Esto explica por qué, tras experimentar bienestar (por ejemplo, al consumir alcohol o recibir un like en redes sociales), surge el deseo intenso de repetir la conducta. Incluso el recuerdo de haberlo hecho en el pasado puede detonar este circuito.
Así, la adicción se sostiene no solo por el efecto inmediato de la sustancia o la conducta, sino también por los estímulos emocionales y psicológicos asociados a ella.

 

Adicciones digitales: un debate actual

Uno de los temas más discutidos hoy es la relación entre el uso de internet, redes sociales, videojuegos y pantallas con la dependencia psicológica. Si bien existe controversia sobre qué elemento es más determinante —el diseño del software, el sistema de recompensas, los estímulos inmediatos—, lo que está claro es que este tipo de interacciones también activan el sistema de recompensa cerebral y pueden afectar la salud mental. Y no, no es como abrir un paquete de sobres de los de antes.

Algunas consecuencias observadas incluyen alteraciones en la autoestima, la autopercepción y las relaciones sociales, así como un mayor riesgo de ansiedad y depresión; especialmente en la infancia y la adolescencia.

Tanto las adicciones con sustancia como las comportamentales comparten:

Factores de riesgo: vulnerabilidad genética, situaciones particulares, baja regulación emocional, estrés crónico, falta de apoyo social.
Factores de protección: redes de apoyo, habilidades de afrontamiento saludables, autoestima sólida, acceso a tratamiento psicológico.
Pero uno de los ejes más importantes que abordamos en consulta, no es la conducta en sí misma, sino la relación que la persona establece con la pantalla y el sufrimiento que esconde la adicción.

 

Más allá de la adicción

Es importante recordar que la adicción no se define por el acto de consumir o practicar una conducta, sino por el sufrimiento que hay detrás y la pérdida de control que genera. El objetivo de la intervención psicológica no es únicamente frenar la conducta, sino comprender su función, aliviar el malestar y reconstruir formas más saludables de bienestar. En vez de jugársela en el FIFA, o la autoestima en el contenido que publican en Tik-Tok. Por no hablar de los riesgos asociados, como el grooming o la sextorsión en Instagram u otra plataforma o red social

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