La maternidad y la paternidad suelen estar rodeadas de expectativas, exigencias y comparaciones. Se nos transmite la idea de que debemos ser “perfectos” en cada paso, lo que puede generar una enorme presión emocional. Sin embargo, la crianza real propone una mirada distinta: construir la familia desde la conexión, la presencia y el respeto, sin caer en el perfeccionismo.

Actualmente, en esta generación, la maternidad es todo un reto. Venimos de lo tradicional que a menudo sólo se ocupaba de dar en la infancia protección y seguridad en lo práctico; no había mucha más conciencia, y si la había estaban trabajando, hay que comer.

Así se nos ha complicado la crianza en esta generación; el otro día viendo “Señoras y señoras” de María Guerra y Mariola Cullels, pusieron en relieve esta cuestión, lo que me hizo darle una vuelta de tuerca que me permitió ver a las familias más allá de tratar de hacerlo “perfecto”, y pude reconocer que cada generación hace lo que puede y como puede.

Ahora, posiblemente desde esas grietas, se ha conformado e instaurado una maternidad y paternidad hiperexigente que limita ver qué es lo esencialmente importante en el cuidado de los hijos y las hijas: afecto y límites. Y produce malestar psicológico y emocional significativo entre los progenitores. Pero criar no es necesariamente ésto, de esto estoy convencida.

Esta forma de construir la familia no tiene por qué producir angustia, ni tratar de hacer todo a la perfección. Criar con conciencia significa aceptar que habrá errores, momentos de cansancio y dificultades, pero que lo esencial es la relación auténtica con los hijos y el cuidado de uno mismo.

Preguntas que invitan a reflexionar

En la práctica, muchas madres y padres se enfrentan a pensamientos y emociones que pueden desbordar:

● La exigencia interna y también la que viene de fuera, que supuestamente definen la maternidad y paternidad, ¿te desbordan?
● ¿Te angustia no estar haciéndolo “bien” todo el tiempo?
● ¿Sientes culpa por no llegar a todo o por perder la paciencia?
● ¿Estás tan centrado/a en tus hijos que te olvidas de ti?
● ¿Te cuestionas constantemente si estás educando de forma adecuada?
● Al tratar de validarte como padre o madre, ¿aparecen sentimientos de culpa que puede llegar a desbordar o tienes problemas para controlarla?

Estas preguntas reflejan experiencias comunes que, si no se reconocen, pueden convertirse en una fuente de malestar y desgaste emocional.

La propuesta de la crianza consciente ha de ser realista.

La crianza consciente no es un manual ni una receta única, sino un enfoque que invita a parar, observar y reconectar:

● Con las propias emociones, sin negarlas ni juzgarlas.
● Con las necesidades reales de los hijos, más allá de lo que dictan las exigencias externas.
● Con la importancia del autocuidado, recordando que cuidar de uno mismo es también cuidar de la familia.

Educar desde esta mirada no significa renunciar a los límites ni a la guía, sino hacerlo desde la empatía, la coherencia y el respeto mutuo.

Consideraciones importantes en la crianza consciente

● Autocuidado como base: padres y madres que se cuidan física y emocionalmente transmiten seguridad y bienestar a sus hijos.
● La culpa no educa: es más útil reflexionar y reparar que castigarse por los errores.
● Tiempo: no se trata de estar presentes todo el día, pero también es verdad que no hace falta extraer pedagogía de cada paso, ni educar constantemente. Se trata de estar conectados, de forma genuina.
● Flexibilidad: cada niño es único; lo que funciona en una familia puede no funcionar en otra.
● Validar emociones: tanto las de los hijos como las propias. Reconocerlas abre el camino al aprendizaje y a la regulación emocional.
● Coherencia en pareja: cuando es posible, hablar y acordar criterios educativos disminuye tensiones y ofrece mayor seguridad a los hijos.

Un recordatorio necesario:

No existe la maternidad o paternidad perfecta. La crianza nos recuerda que lo que necesitan los hijos no es un padre o madre impecable, sino alguien disponible, capaz de mirarlos y acompañarlos con autenticidad. Y que, en ese proceso, también los adultos tienen derecho a equivocarse, a descansar y a ser cuidados.

Post data: si encuentras un curso en el que te digan a través de un audiolibro algo en contra de esto, es una estafa. También si los niños necesitan poco tiempo pero que sea de calidad, y no cantidad. O que, los niños van a aprender a dormir solos, como por arte de magia, eso también es una estafa porque el sueño de los niños no se regula de forma natural hasta que tienen entre 3 y 6 años en el mejor de los casos. ¿O es que tú duermes en soledad?

Arnasatu Psicología
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